El pequeño Burmar fue el único hijo de una acaudalada familia gnoma y, como imponía la moda por aquellos tiempos entre las clases altas de la alianza, al ser el primogénito varón fue enviado a estudiar a la abadía de Ventormenta. Allí, ridiculizado por todos sus compañeros a causa de su tamaño (pese a ser más alto que otros gnomos), fue alimentando una pequeña llama de amargura y crueldad en su interior. Por el día, era Burmar el dúctil alumno, el paciente objetivo de bromas, por la noche, escondido entre las sombras de la biblioteca, consultaba libros prohibidos de brujería y artes arcanas con ansias de venganza. Encontraba placer atormentando a pequeños animales para luego sanarlos y poder seguir retorciéndolos de dolor. Se orinaba en la cama y provocaba pequeños incendios.
Este desorden en el carácter del niño se desvaneció con el paso de los años sin dejar ningún residuo en el subconsciente del apuesto y equilibrado Burmar adulto. Estudió las oposiciones de censor real de Ventormenta, y llegó a Inquisidor General torturando a miles de inocentes para deleite de las autoridades eclesiásticas.
Hoy, ya maduro, se dedica a recorrer el mundo desfaciendo entuertos y dilapidando la fortuna de su familia, cuando no está ocupado en su taller reparando su colección de autogiros de lujo.
Burmar en Armeria

No hay comentarios.:
Publicar un comentario